de un hombre que cuidaba un puente levadizo. Un día este buen hombre llevó a su hijo de cinco años para trabajar con él. Mientras el hombre se entretenía con su trabajo, su hijo se fue de la caseta de controles sin que su padre se enterase de su ausencia. Al llegar el tren, que pasaba sobre el puente, aquel pobre hombre se fijó que su hijo ya no estaba en la caseta, sino jugaba en los engranajes que movían el puente. El hombre tuvo unos cuantos segundos para tomar la decisión más importante de su vida: o dejaba el tren caer en el agua, matando a los 100 pasajeros o sacrificaba a su hijo para salvar a los usuarios del tren. El hombre miró a un lado mientras tiraba la palanca que cerraba el puente sacrificando a su hijo.

Ambas anécdotas nos ayudan a comprender el mensaje del evangelio. Jesucristo se entregó a la muerte por nosotros. O mejor, Dios entregó a su único hijo para morir por nosotros. Hay muchos pasajes que podemos usar para cerrar este pensamiento pero el de Romanos 5:8 es el más apropiado y dice lo siguiente: "...Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros".

El canto 123 dice así:

En la cruz, en la cruz
Do primero ví la luz
Y las manchas de mi alma yo lavé
Fué allí por fe
Do ví a Jesús
Y siempre feliz con él seré


Dios te quiere salvar y te acepta así como eres: con todos tus pecados.
Si una persona está enferma pronto busca un médico. Nunca espera mejorar su salud para después buscar a un médico. De la misma manera debemos ir a Dios con todo y pecados. Acerquémonos a Él con confianza y sin tardar. El mensaje de la cruz es poder, sí lo es, pero "...para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios".