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LA PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO

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Nov 29, 2005
Denomination: Baptist
Audience: Adults

Summary: Reflexión acerca del orgullo y la humildad basadas en la parábola del fariseo y el publicano

5. “Humillaos bajo la poderosa mano de Dios para que él os exalte cuando fuere tiempo.”

CONCLUSIÓN

· ¿Dónde están basadas sus esperanzas para la vida eterna? ¿Esta Ud. secretamente basándose en la falsa esperanza de lo que Ud. está haciendo para Dios? Tenga mucho cuidado, pues

a. Esta confianza no está basada

· en el testimonio interno del Espíritu,

· ni tampoco es resultado de una vida temerosa de Dios,

· sino en la creencia equivocada de que no merecer ser castigados

i. por creer que no ha hecho tanto mal

ii. por creer que Dios es tan bondadoso como para enviar a uno al infierno.

iii. por creer que ha hecho mucho bien al prójimo

b. Sentirse seguro de ser salvo no es lo mismo que ser salvo. No se olvide del fariseo de esta parábola, dirigida a unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a los otros; Recuerde Prov. 14: 12 Hay camino que al hombre le parece derecho, pero es camino que lleva a la muerte.

Pero más de una persona pudiera pensar: “Pero esta parábola no se aplica a mí. Yo ya soy salvo por la fe en Cristo. He sido bautizado en esta iglesia, así que no tengo que ver con esta advertencia”.

No perdamos de vista que esta parábola fue dirigida con dedicatoria especial a “Unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a los otros”.

· Jesús está tratando con la experiencia de sentirse orgulloso por la justicia personal, por tus logros morales y espirituales, del orgullo por cumplir lo que la ley de Dios establece. Pero la conducta de este tipo de personas refleja que esta confianza está desprovista de la gracia y de la justicia de Dios y en su lugar se encuentra el esfuerzo y el mérito personal.

· Esta confianza personal los había llevado a despreciar a otros que a diferencia de ellos no estaban cumpliendo con las exigencias de la ley. Tal vez estaban contentos de que hubiera este tipo de personas, para que así pudieran sentirse mejor que ellos o la gente pudiera reconocerlas como gente intachable.

· Nuestro error consiste en la forma en que hemos definido al pecado. Generalmente lo hemos descrito en sus formas más obvias: formas en las que no somos culpables. Como decía uno de mis maestros en el seminario: los 10 pecados en la lista de los cristianos: Uno: adulterio, Dos fornicación, etc. Robos, secuestros, violaciones, narcotráfico, etc. Claro. Así es fácil no considerarse culpables.

· Pero como menciona un autor: nuestro problema no radica en esos pecados escandalosos, sino en lo que él llama pecados refinados: pecados que cometemos la gente buena, sin perder los lugares o el buen nombre que tenemos en la iglesia o ante los ojos de los demás:

o Juzgar, criticar ante los demás

o Chisme,

o Resentimiento

o Amargura

o Espíritu no perdonador

o Impaciencia

o Irritabilidad

o Envidia por logros de los demás

o Egocentrismo

o Lascivia o lujuria

o Ambiciones egoístas

o Amor al poder, a los elogios

o Espíritu independiente, sin comprometerse

o Manipulación para nuestro propio fines y beneficio

o Indiferencia ante el bienestar temporal o eterno de los que me rodean

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