Sermon:
No juzguéis, para que no seáis juzgados
Mateo 7:1-6

Introducción:
Cuando Jesús vio la situación religiosa de sus día, miró que juzgar a otros se había hecho un gran problema. Los Fariseos y los escribanos criticaban al pueblo, creyéndose libres de pecado. Eran rápidos para dar juicio sobre aquellos que no cumplieron con sus expectativas.

I. No Juzguéis (Mateo 7:1-2)

Cuando Jesús estaba en la casa de Simón el Fariseo y la mujer pecadora ungió sus pies, Simón dijo, " Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. " (Lucas 7:39). Los Fariseos, en su arrogancia santurrona, habían creado una clase especial de gente llamada "pecadores," como si ellos mismos no fueran tal.
Siempre que hay juicio, lo hacemos basado solo en lo que hemos visto y a veces no es suficiente para proporcionar el cuadro completo. El juicio humano es limitado con la información que ponemos en el y no es lo adecuado para hacer un juicio exacto.

Los indios tenían su forma de decir esto: "no juzgue a un hombre hasta que usted haya andado una milla en sus mocasines"

Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. “(1 Samuel 16:7).

II. Buscando la paja en el ojo (Mateo 7:3-5)

Hay otro problema con la supuesta “honradez del Fariseo”. No sólo era demasiado crítico, sino era también hipócrita. Nos gusta ver a la gente con gafas bifocales, es decir que usamos un lente para mirarnos a nosotros mismos; usualmente ahí no somos muy exigentes, dejando pasar nuestras propias faltas y errores, pero cuando nos toca mirar al hermano, usamos el lente de mucho aumento, exagerando el problema y emitiendo juicio. Esto es la hipocresía que Jesús denunciaba.
En la parábola de Lucas 18 El Fariseo mira la parte superior de sus gafas bifocales y dice, Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano. Esta es la clase de juicio que Jesús condenó.
No estamos calificados para presentar un juicio sobre otros porque nos es imposible ser imparciales - estamos bajo la influencia de nuestras propias imperfecciones. Jesús usa el ejemplo gráfico de un tablón de madera y una partícula de polvo.

Aunque incluso sabemos que no estamos calificados, todavía juzgamos. Y a menudo hacemos eso por motivos egoístas; nos hace sentirnos mejor. Si tenemos un problema con el pecado en nuestras propias vidas, nos sentimos un poco aliviados al señalar a otros con el dedo. Hace que nuestro pecado parezca no ser tan mal después de todo. Pero, Jesús nos advierte que tenemos que limpiar nuestras propias acciones antes de que tratemos de arreglar las vidas de otros.

Al apuntar nuestro dedo acusador hacia el pecado de otros, nuestra atención se distrae de nuestros propios pecados, y este es el verdadero peligro del Juicio. Si todos somos pecadores, debemos trabajar juntos como una familia para