Summary: Se presenta una explicacion de lo que implica la santidad de Dios.

SERIE: LOS ATRIBUTOS DE DIOS

TEMA: LA SANTIDAD DE DIOS

TEXTO: Isaías 6:1-8

Introducción: Si alguien lo llamara a usted “santo” lo tomaría usted como un cumplido? Probablemente dependiendo de lo que esa persona entiende por santidad. Si lo hace en forma de burla, lo haría con el sentido de religioso o anticuado. En este caso no sería un halago para nada. Pero si usted fuera llamado santo en el sentido bíblico, eso sí sería un gran cumplido... aunque tal vez lo haría sentirse un poco incómodo.

De todos los atributos de Dios... la santidad es la que parece ubicarse en el centro del escenario. Cuando una palabra se repite en el texto bíblico es con el propósito de enfatizarla. Por ejemplo, si usted dice que una piedra era grande, eso significaría una cosa. Si usted dice que la piedra era grande, grande... usted quiere decir que la piedra era realmente grande. Si usted dice que era grande, grande, grande, usted probablemente quiere decir que era una piedra gigantesca.

En Isaías 6 y en Apocalipsis 4 los ángeles declaran que Dios es “Santo, santo, Santo”. Este es el único atributo de Dios que es enfatizado en esta manera. Dios nunca es llamado amor, amor, amor, o “misericordia, misericordia, misericordia.” Por lo tanto, si queremos conocer a Dios debemos entender la idea de la santidad de Dios.

LA SANTIDAD DEFINIDA

R.C. Sproul nos brinda una manera sencilla de recordar la definición de santidad: “La primera oración que aprendí siendo un niño fue una sencilla oración de dar gracias por los alimentos: “Dios es grande, Dios es bueno, y le agradecemos por esta comida.” Las dos virtudes que se le asignan a Dios en esta oración, la grandeza y bondad se encierran en una sola palabra “santo”.

De modo que hay dos ideas de la santidad. La primera es la idea de grandeza. Uno de los significados de santidad es la idea de ser “puesto aparte”. Dios está aparte de nosotros... El es único en su clase. “Existe una profunda diferencia entre El y aquellos a quienes ha creado. Cuando la Biblia habla de objetos santos o de personas santas, o de un tiempo santo, se refiere a cosas que han sido puestas aparte, consagradas, o hechas diferentes por el toque de Dios sobre ellos. Fue la cercanía de lo divino que transformó súbitamente lo común en algo fuera de lo común, y lo ordinario en algo extraordinario.” La santidad significa que Dios es trascendente (único, superior) en su grandeza.

El segundo aspecto de la santidad es la idea de pureza. Dios es bueno. El hace lo que es correcto y jamás hace lo que es incorrecto. Dios no se compromete con el pecado. Dios no se dobla ni un poquito cuando se trata del mal. Dios siempre actúa en una forma justa porque su naturaleza de santidad así lo exige. El es grande y bueno.

UN CASO DE ESTUDIO SOBRE LA SANTIDAD

La mejor manera de entender la santidad es mirando Isaías 6:1-8. La ocasión se ubica en algún momento después de la muerte del rey Uzías. La mayor parte de la historia de Uzías se encuentra en 2 Crónicas 26. El fue mayormente un rey exitoso. Nosotros sabemos que Isaías ministró durante parte de su reinado pero no sabemos qué clase de relación tuvieron. Podemos sólo especular lo que pasaba por la mente cuando él recibió la visión que se narra en el cap. 6. Tal vez Isaías estaba preocupado con lo que pasaría con Israel. Tal vez la visión no tenía nada que ver con Uzías.

De todos modos, Isaías tuvo una visión. Y hay varios puntos que ocurren en esta visión. El primero que podemos notar es LA GRANDEZA DE DIOS. Vv. 1-4 “...”

Notemos los detalles de la visión: Dios estaba en el trono. Uzías pudo haber muerto, pero Dios todavía estaba en el trono. El trono era alto y sublime lo cual significa que es grande y excelso sobre todos los demás tronos. Las faldas de su ropa llenaban el templo. Ustedes saben que cuando una novia ingresa por el pasillo su vestido tiene una cola. Algunos de ustedes tal vez recuerdan la boda de Diana y el Príncipe Carlos. La cola del vestido era tan larga que habían varias personas que ayudaban a llevarla. Por qué? Porque es un símbolo de realeza. Las faldas de Dios llenaban el templo. Su realeza sobrepasa cualquiera que nosotros hubiéramos conocido o podamos imaginar.

A su lado habían ángeles. Su trabajo consistía en dar gloria a Dios. Sabemos que estos ángeles son seres sin pecado. Ellos son puros, sin embargo, con sus seis alas se cubrían el rostro y los pies. Nada puede compararse a Dios. La pureza de Dios hace que los ángeles se sonrojen y se cubran el rostro.

Los ángeles alaban a Dios con su “tres veces santo”. Ellos declaran que El es supremamente santo. El estremecimiento de los quiciales simplemente le añaden un sentido de asombro y poder. Estas imágenes son diseñadas para señalarnos la majestad de Dios que debe provocarnos reverencia y asombro.

La verdadera adoración comienza cuando nos detenemos y nos asombramos delante de la maravilla, poder, y grandiosidad de Dios. La adoración comienza cuando captamos un vistazo de su santidad.

EN SEGUNDO LUGAR, VEMOS LA BONDAD DE DIOS Y LA BAJEZA DEL HOMBRE. La respuesta de Isaías no es lo que nosotros hubiéramos esperado. Hubiéramos esperado que el dijera algo como “¡Qué bueno.” “¡Wow”. Pero Isaías no dijo nada de esto... Más bien le entró un sentir profundo de bajeza “...” v. 5.

Vemos experiencias similares en Mateo 14:25, 26; Mt. 17:5-6.

Cuando el centurión junto a la cruz de Cristo vio el terremoto quedó aterrorizado. Cuando los pastores vieron los ángeles en el nacimiento de Cristo, sabemos que ellos estaban temerosos. Toda vez que una persona tiene un vistazo del Dios todopoderoso se queda aterrorizada. Por qué? Porque en Ex. 33:20 Dios dijo: “porque no me verá hombre y vivirá.” Dios es tan santo que destruirá cualquier cosa pecaminosa o inmunda.

La primer respuesta de una persona no santa a la santidad de Dios es un profundo sentido de pecado personal. Cuando lo que no es santo se enfrenta a lo santo llegamos a ser conscientes de nuestra pecaminosidad. Cuando estamos en la presencia de Dios las tinieblas desaparecen y todo lo escondido queda expuesto.

Muchas veces tendemos a compararnos con otros sobre los cuales nosotros parecemos mejores. Pero cuando nos comparamos con la santidad de Dios... rápidamente quedamos postrados en el suelo.

Esta es la razón por la cual creo que una persona que no ha tenido un sentido de su propia pecaminosidad no ha captado realmente la naturaleza de Dios. La persona que piensa que puede salvarse sólo por haber hecho las cosas correctas no tiene idea de cuán perdidos realmente están. Tenemos que estar desechos para que podamos ser hechos de nuevo. El Espíritu Santo tiene que hacernos conscientes de nuestra pecaminosidad antes de que podamos acogernos a su gracia.

Notemos algo más acerca de la convicción de Isaías. De qué más estaba él consciente? El llegó a estar consciente de la suciedad de sus labios. Ahora pensemos en esto. Cuál era la mayor fortaleza de Isaías? El era un portavoz de Dios. Sus labios debían haber sido la única cosa limpia delante de la santidad de Dios... pero eran sus labios los que fueron hallados inmundos. Incluso en su mayor fortaleza estaba descalificado al compararse con la santidad de Dios.

A menudo escuchamos a la gente decir: “Dios no puede salvarme... he hecho muchas cosas malas en mi vida.” A menudo les digo a estas personas, “Usted está más cerca de la salvación que muchos otros que se han criado en la iglesia.” La razón es que ellos están conscientes de su pecado. Ellos están un paso más cerca al reino de los cielos que aquel que va a la iglesia y que confía en su propia bondad.

LA TERCERA COSA QUE VEMOS ES LA PROVISIÓN DE DIOS. Cuando Isaías se dio cuenta de su pecado, notemos lo que pasó: v. 6-7 “...”

Cuando leemos esto estamos listos a decir “Ouch!” El ángel toma un carbón encendido y lo pone sobre la boca de Isaías. Por qué? Para cauterizar el pecado. Tal vez usted ha ido alguna vez al doctor y le han cauterizado algo. La cauterización es el proceso de sellar una herida o destruir algo anormal o tejido infectado con un instrumento caliente. Dios cauterizó los labios de Isaías. El eliminó la impureza de sus labios.

El pecado de Isaías fue quitado, pero no porque Dios dijera: “olvidemos esto” sino porque el pecado ha sido pagado. ¿Cómo? Fue pagado por Jesús. ¿Cómo puede ser posible? Isaías vivió varios siglos antes de Jesús. Pero las promesas habían sido hechas. El plan estaba en su lugar. Dios perdonó a Isaías sobre la base de lo que Cristo haría cientos de años más tarde. Del mismo modo está dispuesto a perdonarte a ti y a mí sobre la base de lo que Cristo hizo hace miles de años atrás.

Cuando Jesús murió en la cruz, pagó por nuestros pecados. La justicia de Dios quedó satisfecha y ahora El puede extender su misericordia. La razón por la cual somos llamados hijos de Dios no es por causa de que somos buenos... sino porque somos perdonados. Somos perdonados no porque seamos de los mejores sino porque Cristo murió por nuestros pecados.

Después de que Isaías vio la majestad de Dios, fue confrontado con su pecado, encontró perdón por medio del sacrificio de Cristo, leemos... v. 8 “...”

VEMOS EL LLAMADO DE DIOS. El Señor está ahora buscando un mensajero. Isaías, quien ha sido transformado y revivido por la gracia de Dios, se ofrece como voluntario para servir a Dios. La expresión “heme aquí” significa la entrega de Isaías como un sacrificio vivo al servicio de Dios.

Isaías estaba dispuesto a servir a Dios no por obligación sino por gratitud y por el deseo de exaltar la gloria de Dios. Isaías quería que el mundo conozca la grandeza de Dios. Isaías estaba concentrado en una sola cosa... honrar a aquel que es digno de todo honor.

UN LLAMADO A LA SANTIDAD

Esto nos lleva a la tercer área de nuestro estudio. La Biblia nos enseña que debemos ser santos “como Dios es santo.” Lev. 11:44-45 “...” Jesús también lo dice en Mt. 5:48 “...”

Cuando escuchamos este mandato a ser santos podemos hacer una de dos cosas. Podemos decir esto es imposible, o tener una imagen de la santidad. Dios nos llama a vivir de una manera cristiana. Tenemos que estar dispuestos a servir al Señor. La persona que está viviendo la santidad de Dios será consciente de su perdón y será diligente en tratar de eliminar todo rastro de pecado en su propia vida. Es gente que siempre estará dispuesta a decir “heme aquí, Señor,” úsame y guíame a lo que tú crees mejor.

La santidad es el negocio diario del cristiano. Se demuestra en las decisiones que tomo y las cosas que hago, hora tras hora, día tras día.

La persona que ha comenzado a entender la santidad de Dios es una persona que ha sido cambiada. La idea de un cristiano que no ha sido cambiado es contradictoria. Si usted no está buscando la santidad, existe una gran posibilidad de que usted no sea un hijo de Dios... sin importar cuanto tiempo haya usted estado en la iglesia. Así lo dice el apóstol Pablo en Ef. 5:1-7 “...”

Si vamos a ser verdaderos seguidores debemos ser buscadores de la santidad en nuestras vidas.

CONCLUSION:

Aunque nuestro estudio y búsqueda de la santidad nunca llegue a su final, nuestro mensaje debe llegar a una conclusión. De modo que permítanme hacer unas observaciones finales.

En primer lugar, es obvio que no existe una mejor manera de usar nuestro tiempo que usarlo para la gloria de Dios. No hay nada mejor. No hay nada más grande que Dios. El es nuestra vida, nuestra esperanza, nuestro gozo. Ir detrás de cualquier otra cosa en lugar del Señor es locura. Mire su corazón y aléjese de cosas triviales que ocupan su tiempo y energía.

En segundo lugar, necesitamos tomar la santidad personal seriamente. Pasamos una buena parte de nuestra vida jugando con el pecado. Empujamos a Dios fuera de nuestro camino cuando sentimos que se está metiendo demasiado, entonces nos resistimos. Sin embargo, si entendemos la misericordia de Dios y su gracia, si tenemos un sentido de su santidad, vamos a querer quitar todo lo inmundo de nuestras vidas. Es tiempo de hacer un inventario personal y hacer cambios.

 En sus pasatiempos

 El uso de su tiempo

 La forma de usar el dinero

 La forma hablar

 La forma de hacer nuestro trabajo

 La forma de tratar a otros

 La forma de adorar

Finalmente, debemos parar de compararnos a nosotros mismos con otros y comenzar a medirnos con la correcta medida de Dios. Cuando lo hagamos de esta manera vamos a ver realmente como somos. Esto puede ser doloroso. Pero lo maravilloso del evangelio es que sabemos que por lo que Cristo ha hecho por nosotros, si nos volvemos a él confesamos nuestros pecados... él nos dará su misericordia. Nuestro Dios santo nos cubrirá con la justicia de Jesucristo.