Summary: La pregunta que surge en realidad no es si tengo debilidades. Todos las tenemos, pero debo preguntarme ¿cómo veo las debilidades? ¿Miras tus debilidades como un fracaso, o las miras como una oportunidad para fortalecerte en Dios el Señor? Todo depende de

COMO MANEJAR LAS DEBILIDADES PERSONALES

2 Corintios 12:8-10

San Pablo tenía un concepto adecuado de sí mismo, sabía quien era y los logros que había obtenido. Sin embargo, conocía claramente sus debilidades, no las negaba, pero supo manejarlas adecuadamente.

La pregunta que surge en realidad no es si tengo debilidades. Todos las tenemos, pero debo preguntarme ¿cómo veo las debilidades? ¿Miras tus debilidades como un fracaso, o las miras como una oportunidad para fortalecerte en Dios el Señor? Todo depende de tu actitud, pues tu actitud afecta lo que piensas de ti mismo. De manera que las debilidades no hay que ignorarlas, pero saber manejarlas. Para saber manejar las debilidades personales es necesario tomar en cuenta lo siguiente:

Debo evitar pensamientos que me desvíen (2 Corintios 11:3)

De un compromiso puro y sincero con Cristo. Muchas veces nuestras debilidades nos llevan a flaquear en nuestro compromiso con el Señor, guiándonos a ser tibios en nuestra relación con Jesucristo.

Tome en cuenta que los pensamientos que permita afectarán su auto-concepto. El auto-concepto está formado por una serie de actitudes personales y formas de percibirnos a nosotros mismos. Algunas de estas percepciones son: como me identifico a mí mismo, como me juzgo, como me comporto, como me veo físicamente, como defino mis valores morales y éticos, y otros semejantes. Como vemos, estas percepciones son definidas por los pensamientos que permito. Si permito pensamientos negativos: me veré menos, me veré frustrado, y sentiré que Dios no está conmigo.

Por lo tanto, para que tus debilidades personales no afecten tu compromiso con Dios, debes evitar pensamientos que te desvíen.

Debo evitar quejarme de mis debilidades (2 Corintios 11:23-29).

Pablo relata en este pasaje sus luchas y sufrimientos como apóstol. Pero no lo hace quejándose ante sus lectores. Lo hace para mostrar que sobre todo no ha decaído, sino que ha permanecido firme porque el Señor lo sostiene.

Las quejas solamente agravan la situación. Ante las debilidades debes fortalecerte en el Señor. Filipenses 4:4 dice “alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense siempre en el Señor!” Vea también la actitud de Pablo en toda circunstancia, en la pobreza y en la riqueza, y siempre concluye, “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:11-13).

Además, debo ver cada lucha por causa de mi debilidad a la luz de la causa de Cristo. Sufrimos porque el enemigo nos persigue por ser creyentes, pero debes siempre mantener puesta la mirada en el galardón o premio que te espera. Hebreos 11:26 dice de Moisés que “Consideró que el oprobio [la vergüenza, la deshonra] por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa.”

Por lo tanto debemos correr para obtener la recompensa (1 Corintios 9:24-25); y considerar las debilidades y luchas como pasajeras (2 Corintios. 4:17-18).

Debo alegrarme en mis debilidades (2 Corintios 12:8-10)

Para que permanezca el amor de Cristo. Pablo dice aquí “prefiero gloriarme de ser débil,” (v.9b) lo cual no significa ser un masoquista, es decir, alguien que disfruta el dolor. Al contrario, es que cuando nos gozamos o gloriamos en las debilidades nos acercamos más al Señor, nos enamoramos más del Señor, buscamos más del Señor.

Para que se perfeccione en mí el poder de Cristo (v. 9a). El poder de Cristo para Pablo es el mismo poder de Dios, el Espíritu Santo. De esta manera, dependemos totalmente del Espíritu Santo como nuestro mejor amigo y aliado en las debilidades. Que se perfeccione el poder de Dios, significa que sea el Espíritu Santo quien tenga la total libertad de obrar en mí, y así formarme a la imagen del Señor, hasta alcanzar la estatura de Cristo (Efesios 4:13).

Para que la gloria sea de Cristo (v. 10). Pablo nos deja ver que aunque había orado intensamente por tres veces, lo cual no significa que oró solamente tres veces, sino que el número tres nos habla de la intensidad y severidad de la búsqueda de Pablo por la respuesta divina, la gracia del Señor era más que suficiente. Esto no significa que Dios se olvida de nosotros, es que las luchas que enfrentamos tienen un propósito, el formar nuestro carácter. Por lo que el hecho de sufrir tentaciones sin encontrar una forma de no luchar más con ellas, no es una salida viable, pero la gracia del perdón y la misericordia que Dios ha exhibido son más que suficientes para sostenernos. Además, en las debilidades claramente podemos ver el poder de Dios obrando en nosotros, de esta forma la gloria la lleva Dios y no nosotros (Salmo 115:1).

Debo vivir por el poder de Dios (2 Corintios 13:4-5)

Esto significa, por el poder, la acción, y la habilidad que nos da el Espíritu Santo. Jesús fue crucificado en debilidad, ya que al momento de la crucifixión estaba completamente débil, imposibilitado de hacer algo. Esto no fue porque estuviera atado, sino porque voluntariamente no quiso hacer nada para así poder entregarse por los pecados de cada uno de nosotros (Mateo 26:46-54).

Vivir por el poder de Dios es que el mismo Espíritu que levantó a Jesús de entre los muertos, también nos dará vida. Por el poder de Dios en nosotros habitaremos con Cristo (2 Corintios 13:4b), lo que significa que aunque ahora suframos ante nuestras debilidades, si nos fortalecemos en el poder del Señor, estaremos con El.

Además, si tengo victorias por mi fuerza, entonces ya no es por el Señor; pero si reconozco mi debilidad y aún así tengo victoria, entonces es Cristo que habita en mí (Zacarías 4:6).

Conclusión. Débiles siempre seremos pues estamos sujetos a este cuerpo de carne, sujetos a tentaciones y luchas continuas que nos desgastan día a día, pero nuestro ser interior, el que vive por el poder de Dios, se fortalece en medio de las debilidades pues ha comprendido que cuando es débil en sí mismo, es el poder de Dios quien le sostiene y saca adelante. Por lo tanto, tener victoria sobre nuestras debilidades significa entregarle el control de mi vida a Jesucristo. Esto es, que sea El quien maneje mi vida.

Ore con fe esta oración: Señor Jesucristo, yo sé que soy débil, pero tú eres fuerte. Sé que si caigo, tu poder me levanta. He tratado muchas veces de vencer mis debilidades y caigo continuamente. Hoy quiero entregarte el control de mi vida. Hoy decido que seas tú quien maneje mi vida. Te entrego mis debilidades, los pensamientos negativos que me han destrozado, y las quejas continuas que me hacen sentir un fracasado. Te entrego las tentaciones que me acechan y te ruego me ayudes a salir adelante. Sobre todas las cosas reconozco que tú eres mi único salvador. Muchas gracias por atenderme. Amen y Amen!!!