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Un documental en la televisión trató del Leopardo Cazador que vive en las llanuras de África central. Este animal sobrevive persiguiendo a sus víctimas con un gran empujón de energía corriendo hasta 113 kilómetros por hora. Pero este hermoso animal tiene un problema, se cansa rápidamente. Dentro de su cuerpo largo y ágil, tiene un corazón desproporcionadamente pequeño, que no le permite mantener esa velocidad por mucho tiempo. A no ser que el leopardo cace su víctima en esa primera ráfaga de energía, se ve obligado a abandonar la caza.

A veces los cristianos parecemos a este leopardo cazador. Respondemos al llamado de Dios con una energía explosiva al principio, pero no lo podemos sostener por mucho tiempo y pronto fallamos y nos apagamos. Hacemos promesas de trabajar más fuerte y correr más rápidos, cuando lo que necesitamos no es más velocidad sino perseverancia--necesitamos un corazón más grande. Mucho movimiento, ruido y emoción no sirven para nada si no le entregamos nuestro corazón al Señor. . . .