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Summary: Cuando desobedeces a Dios y te encuentras en aprietos, es duro, pero solamente tu tienes la culpa. Pero cuando obedeces a Dios y te encuentras en el atolladero, puede ser más difícil, y ni siquiera es culpa tuya. Ese fue el caso de los tres jóvenes hebreo

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Cuando está que arde

De alguna manera nos hemos hecho a la idea que si las cosas no van muy bien en nuestra vida, si tenemos problemas en el trabajo, si nuestro matrimonio no va marchando como debiera, si tenemos algún percance o accidente, ya sea enfermedad o cualquier otra cosa, es porque no estamos obedeciendo a Dios. Esto puede ser cierto. Así que algunos despiertan a esa realidad y empiezan a obedecer a Dios. Y eso es bueno. El problema está en que algunas veces creemos que si obedecemos a Dios todo va a ser siempre color de rosa. Si obedecemos a Dios, si somos buenos cristianos, no vamos a tener más problemas. No nos vamos a enfermar. Nuestro matrimonio va a ser la envidia de amigos, familiares y vecinos. Nuestros hijos van a ser hijos modelos. Incluso algunas veces escuchamos a alguien predicando al respecto. ¿Has escuchado alguna vez a alguien que te diga: “Una vez que aceptes al Señor, ya no tendrás más problemas. Tu vida va a ser solamente felicidad?” O, “si estás siempre de parte del Señor, nadie te va a tratar mal.” Tendemos a ver el cristianismo como una fortaleza inexpugnable una vez en la cual nada nos va a afectar. Vamos a estar en jauja, en la tierra de la perfecta felicidad, donde no va a haber conflictos, desesperación ni dificultades.

Pues bien, no es cierto. La vida del cristiano no es solamente deslizarse placidamente cuesta abajo. La vida del cristiano es una batalla constante tanto en la montaña como en el valle. La Biblia afirma repetidamente que los cristianos han de sufrir injustamente. Date cuenta lo que el apóstol Pedro nos dice:

Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar. Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios (1 Pedro 2:18-20).

Cuando desobedeces a Dios y te encuentras en aprietos, es duro, pero solamente tu tienes la culpa. Pero cuando obedeces a Dios y te encuentras en el atolladero, puede ser más difícil, y ni siquiera es culpa tuya. Lo que quiero que comprendas es que Dios no es el tipo de ser que está al “ojo por ojos y diente por diente” contigo o con alguna otra persona. Nos hemos hecho a la idea de la inmediata retribución divina. Si eres bueno, Dios te bendice. Si eres malo, Dios te castiga. Esto no es nuevo, también los judíos en los días de Jesús pensaban así. Ese no es el caso. Dios no te está viendo todos los días para ver si haces algo bueno o malo y recompensarte. Te portaste bien hoy, ahí te va, aumento de sueldo. Te portaste mal hoy, ahí te va, una llanta ponchada.

Me recuerda esto la historia de la niñita que no quería comerse las ciruelas en el desayuno.

—Cómete tus ciruelas —le dice la mamá.

—¡No me gustan!—contesta la niña.

—Si no te comes las ciruelas te va a castigar Dios…


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