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Summary: Divide et vinces, es una de esas citas históricas cuyo autor es desconocido. Fue popularizada por Nicolás Maquiavelo, y no podemos dudar del hecho que es una triste realidad, pero más triste aún cuando se da en el seno de la iglesia...

INTRODUCCIÓN

La sociedad en la que vivimos – tanto individualmente como corporativamente (i.e como Iglesia) - es muy similar a la de Corinto en el primer siglo. Los problemas que enfrentamos casa adentro – como Iglesia – son igualmente similares a los vividos por los corintios.

Considerando estas razones, veamos lo que Dios tienen para nosotros hoy en la introducción a la Epístola a los corintios...

Antes de centrarnos en el tema, vale la pena recordar brevemente el origen de la iglesia de los corintios, los problemas que enfrentaban como comunidad cristiana y la sociedad en la cual ellos eran llamados a brillar...

La Iglesia de Corinto fue fundada por el Apóstol Pablo (1 Cor. 3:6). Según nos relata Hechos 18, el apóstol pasó de Macedonia a Grecia, y fue de Atenas a Corinto. El Señor le dijo que él tenía un pueblo numeroso allí (Hechos 18:9-10); así que, el Apóstol se quedó en Corinto por un espacio aproximado de dieciocho meses. Pablo vio levantarse a su alrededor una iglesia numerosa (Hechos 18:4, 8, 10), compuesta en gran parte de gentiles (1 Cor. 12:2), pero también de judíos; aún Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa. Pero el apóstol se ausentó y se estableció en Éfeso, donde residió por tres años, a fin de los cuales escribió la epístola a los Corintios (AD 56).

¿Qué sucedió durante su ausencia? La Epístola nos describe los tipos de problemas que se habían desarrollado en la Iglesia de Corinto. Entre otras cosas, había división, desorden moral, confusión en cuanto al matrimonio, a lo ofrecido a los ídolos, a los dones espirituales, a la cena del Señor y a la resurrección. En pocas palabras, y tal como ya ha sido mencionado, la Iglesia de Corinto no era muy distinta a nuestras iglesias hoy en día.

Por otro lado, la ciudad de Corinto era una de las más importantes de toda Grecia. En los tiempos de Pablo era una colonia Romana que gozaba de gobierno propio, y que era conocida, por lo menos, por cuatro cosas:

Ø Su comercio. Corinto era el puerto de paso de comerciantes y viajeros. Del este recibía comerciantes de Asia menor, Fenicia y Egipto, y por el oeste de Italia y España. Por lo tanto, era una ciudad en la que convergían personas de varias partes del mundo.

Ø Su cultura. Aunque en Corinto no había una universidad como la de Atenas, sin embargo la sociedad estaba caracterizada por la cultura griega típica. A la gente le interesaba la filosofía griega y hacía mucho énfasis en la sabiduría.

Ø Su Religión. En Corinto habían doce templos por lo menos. Uno de los más importantes era el templo de la diosa Afrodita (diosa del amor), en el que se practicaba la prostitución religiosa.

Ø Su inmoralidad. Como toda ciudad cosmopolita, Corinto era un centro de inmoralidad franca y abierta. Tan grande era la fama de la inmoralidad en Corinto que en griego surgió el vocablo "corintiar" como un verbo que significaba "practicar inmoralidad sexual".

En éste ambiente vivían los corintios.

Pero hay algo más, al leer la salutación de la carta notamos que pablo se dirige a ellos como “la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos” (1:2). Luego da gracias a Dios por ellos (1:4-9) por cuanto han sido receptores de la Gracia de Dios en Cristo y por cuanto ha sido enriquecidos en toda palabra y ciencia en El. Da gracias también por cuanto sobreabunda la presencia de los dones espirituales en su medio.

Es decir, eran una Iglesia que poseía un sano conocimiento del Señor y también gozaban de las manifestaciones carismáticas del Espíritu Santo.

Una iglesia ideal ¿no? Hasta aquí todo esta bien... pero viene el primer problema: Hay divisiones internas. Ellos, como iglesia tenían los fundamentos de la doctrina cristiana y eran fieles seguidores de Cristo... pero estaban divididos... Así lo podemos ver en el v. 10

Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.

Estoy seguro de que han escuchado aquella celebre frase de divide y vencerás...

Divide et vinces, es una de esas citas históricas atribuidas a todo el mundo: desde Julio César hasta Napoleón Bonaparte. Sin embargo, su autor es desconocido. Fue popularizada por Nicolás Maquiavelo, y no podemos dudar del hecho que es una triste realidad, pero más triste aún cuando se da en el seno de la iglesia...

¿No es esto lo que sucede muchas veces en la Iglesia? Tenemos divisiones entre nosotros. Divisiones entre los ancianos, divisiones entre los diáconos, divisiones entre las damas, entre los jóvenes, entre los maestros y maestras de escuela dominical...

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