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Summary: Sermón #7 de la serie "Tesoros del Padrenuestro". Es interesante cómo Cristo nos enseñó que comencemos a entablar comunión con el Padre con adoración y alabanza y cerremos nuestra oración con alabanza. Que nunca entremos ni salgamos de la presencia de D

El tesoro de la alabanza

Mateo 6:13; Salmo 22:3

Introducción:

Este es el último tesoro que estaremos escudriñando, no porque no hay más, sino por motivo del tiempo. Es maravilloso ver como regresamos al lo mismo que se trató al principio, la alabanza y el magnificar a Dios. Este versículo hace recapitulación del mo-delo de oración, principia con alabanza y termina con alabanza. Deja por sentado que ya sabemos dónde está el reino de Dios, que conocemos su poder y por esto le damos gloria. Si realmente creemos que Dios es Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente, ¿no debe haber dentro de nuestro espíritu una reverencia de proporciones profundas? Y este conocimiento de Su gran majestad ¿no inunda nuestro ser para hacer que nos postremos en humilde reverencia, de adorarle, de irrumpir en alabanza y adoración es-pontánea?

Me parece que no nos damos cuenta cuánto empobrecemos nuestra alma al no adorar y alabar a nuestro Supremo Dios. No solo merece nuestra adoración, sino que lo espera. La relación entre Dios y cristiano tiene un paralelo con la relación entre un padre y un hijo. Cuando un hijo se acerca con sinceridad con expresiones tiernas de amor, gratitud y aprecio, el resultado es que el corazón del padre es movido y da más y más a su hijo. Esto es lo que sucede con nuestro Padre celestial, el anhela colmarnos de amor, bendiciones cuando nosotros nos acercamos a Él como nuestro TODO.

Después de que hayamos presentado nuestras peticiones a nuestro Abba Padre, debe-mos darle nuestra alabanza. Las palabras “porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los signos”, son palabras que carecen de sentido para la mayoría. Pero, nosotros sabemos que es una invitación a participar de su reino, su poder y su gloria.

Primeramente hay que tratar y conocer algo sobre la alabanza…

1. Significa la acción de glorificar a Dios, de ensalzarlo y bendecirlo, especialmente con himnos y canticos, música y danza.

La alabanza es una de las manifestaciones a las que en la Biblia se nos invita con frecuencia. Dios se revela digno de alabanza por todos sus beneficios con el hombre. La alabanza resulta con toda naturalidad como agradecimiento y como bendi-ción por todos los beneficios recibidos.

Hay varias palabras hebreas en el Antiguo Testamento que demuestran cómo debemos alabar.

A. hallal: significa estar tremendamente entusiasmado, exaltar, ufanarse, vociferar, celebrar. Esta clase de alabanza se hace a viva voz.

B. barak: significa bendecir, declarar a Dios como fuente de poder para alcanzar el triunfo, la prosperidad, la fertilidad; estar en quietud. Esta alabanza puede ser suave, susurrada, con mucha reverencia.

C. shabach: significa alabar, dirigirse a alguien a viva voz, gritar.

D. todah: significa extender las manos en gratitud. El Salmo 134:2 dice “Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Jehová”.

E. yadah: significa adorar con las manos extendidas, extender las manos hacia adelante, disfrutando de Dios. El Salmo 107 nos repite cuatro veces “Alaben (yadah) a Jehová porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia”.

F. No sólo debemos usar nuestros labios y nuestros cuerpos para adorar y alabar; también debemos emplear la música. Zamar: significa pulsar las cuerdas de un instrumento, o alabar con un canto.

G. La última palabra que trataré, aunque hay muchas más, es tehillah que significa cantar en el Espíritu o cantar salmos. David fue un hombre que sabía muy bien cómo alabar y adorar a Dios. Tenemos muchos ejemplos de sus palabras, la mayoría de los Salmos. El libro de los Salmos termina con una exhortación en el Salmo 150, Hallal a Dios en su santuario; barak en la magnificencia de su firmamento. Shabach por sus proezas; barak conforme a la muchedumbre de su grandeza. Tehillah a son de bocina; Zamar con salterio y arpa. Tehillah con pandero y danza; Zamar con cuerdas y flautas. Hallal con címbalos de júbilo. Todo lo que respira hallal a Adonaí. Aleluya.

2. El reino

A. Alabe al Señor porque él lo ha trasladado del reino de tinieblas al reino de amor y luz… Cristo dijo “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lucas 12:32). Sí, ese lugar donde habita nuestro Abba Padre, ha de ser nuestro. Declare: “El Señor me guardará de todo mal, y me hará morar en su reino celestial” (2ª Timoteo 4:18).

B. Pablo también nos enseña que somos partícipes del reino de Dios. “Con gozo dando gracias al Padre que nos ha… trasladado al reino de su amado Hijo…” (Col. 1:12-14). Alabe a Dios porque él lo ha invitado a participar de su reino. Por tanto, cuando ore “porque tuyo es el reino”, puede alabar a Dios el Padre que lo ha librado de las tinieblas y lo ha llevado al reino de amor y luz admira-ble.

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