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Summary: Es muy prudente saber cuándo callar y cuándo hablar. Si no tienes nada bueno, verdadero o útil que decir, es mejor callar y no decir nada. Tienes dos oídos y una boca, úsalos proporcionalmente."

LA SABIDURÍA DEL SILENCIO

¡Oh, que te quedaras callado, y sería tu sabiduría! (Job 13:5)

"El necio dice todo lo que piensa, pero el sabio lo guarda para después." -Proverbios 29:11

La lengua es un arma mortal. Es rápida, afilada como una espada. Es un fuego y está llena de veneno. La muerte y la vida están en el poder de la lengua, lo que significa que aunque puede hacer mucho daño, también puede dar vida, y una de las formas en que da vida es guardando silencio.

Para todo hay una estación y un tiempo para cada propósito bajo el cielo... un tiempo para guardar silencio y un tiempo para hablar." (Eclesiastés 3:1,7); todo es bello en su estación, el silencio y el discurso inclusive. Es muy prudente saber cuándo callar y cuándo hablar. Cuando es el momento de hablar, el silencio es nuestra locura; y cuando es el momento de guardar silencio, hablar es nuestra locura. El silencio es un regalo precioso. En ese espacio entre nuestras palabras es donde nos encontramos. Cuando la mente está en silencio, cuando no hay pensamientos ni palabras que decir, podemos oír a nuestro propio corazón hablándonos. Podemos escuchar nuestra propia alma y nuestra propia intuición.

Hablamos la mayoría de las veces pensando que el silencio es algo de lo que avergonzarse, algo que hay que evitar. Pero no lo es. No hay nada malo con el silencio. El silencio abarca además no sólo el aquietamiento del ruido externo producido por los demás, sino también el ruido producido por uno mismo; requiere el cese de toda conversación, o hablar sólo cuando sea absolutamente necesario. En el silencio, las únicas palabras que se atienden son las que se crean interiormente, y las únicas palabras que se producen toman la forma de escritura personal. "Demasiada charla lleva al pecado. Sé sensato y mantén la boca cerrada." (Proverbios 10:19)

Los sabios hablan porque tienen algo que decir; los tontos hablan porque tienen que decir algo." ~ Platón

Hay siete temporadas especiales de hablar y siete temporadas de silencio.

Las Siete temporadas especiales de hablar

1. Hablar para dar gloria a Dios, y hacer el bien a nuestros hermanos,

2. Cuando tengamos la oportunidad de reivindicar el honor y la verdad de Dios,

3. Cuando podamos reivindicar a un hermano agraviado,

4. Cuando nuestras palabras puedan instruir o dirigir a los ignorantes,

5. Cuando podamos consolar o apoyar a los débiles,

6. Cuando podamos resolver y solucionar las dudas,

7. Cuando podemos diariamente reprender y convencer a los que hacen el mal.

En tales momentos, tenemos ocasión de hablar, y entonces es nuestro pecado o nuestra debilidad, nada de sabiduría, el callar.

Las Siete temporadas de silencio

1. Nunca es temporada de hablar, hasta que recibimos una llamada. Es impertinente estar ocupados con nuestra lengua en asuntos ajenos, a menos que esos hombres o la providencia de Dios, o nuestro deber actual nos lo impida.

2. 2. Es temporada de silencio cuando no se nos informa correctamente del estado de una cosa o cuestión particular a la que debemos hablar. La persona que toma una determinación sobre ella debe ser un maestro de la cuestión, y hasta que no tenga la brújula de la misma en sí mismo, nunca podrá llegar a una buena conclusión.

3. Cuando conocemos el estado de una cuestión, no debemos hablar sin una preparación adecuada, ya sea real o habitual. No hay que precipitarse a decir algo ante Dios o ante el hombre. "Sed rápidos para oír y lentos para hablar" (Santiago 1:19), pero no debemos oír hasta que estemos preparados.

4. Es una temporada de silencio, cuando lo que hablamos es como una trampa para nosotros mismos. Amós 5:10,12,13 - No hables contra los tiempos malos, o los peores males de la mayoría de los tiempos, no sea que nos llevemos a nosotros mismos a una trampa maligna. Habla cuando estés seguro de algo. Debemos hablar, a nuestro riesgo, cuando hay mayor peligro en algunas situaciones. Podemos guardar silencio para no reprender a los hombres; a) Cuando no hay probabilidad de que el mal en el que nos metemos se equilibre con un bien proporcionado a los demás; b) Cuando esos pecados ya han sido suficientemente atestiguados para que los hombres no vuelvan a cometerlos por falta de franqueza, sino directamente contra ella. En estas situaciones, no tenemos la obligación de correr nuestro propio peligro (Mateo 7:6).

5. Es una época de silencio cuando las pasiones y corrupciones de otros están sobre nosotros. Hubiera sido mejor para el manso Moisés haber guardado silencio, que haber hablado cuando el pueblo lo provocó a la ira, más bien habló imprudentemente con sus labios (Salmo 106:33). La pasión es un mal consejero y un mal orador; un hombre no es apto para reprender o hablar con enojo, cuando está enojado. Las tormentas en la lengua nunca son tan razonables como cuando hay una calma en el oído. Un sabio aconsejará a un hombre enfadado que diga todas las letras del alfabeto, antes de aventurarse a juntarlas o a decir una palabra.

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