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Summary: Aunque la vida, las personas y aun la iglesia parezcan darnos la espalda, todavía tenemos la oportunidad de cumplir con el propósito de nuestra vida.

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La vida en un mundo caído puede ser realmente devastadora. Hay momentos en donde todo parece andar bien cuando de repente la tragedia, el dolor y el sufrimiento tocan la puerta para sacudir el piso de nuestra vida. En ese momento la realidad cobra un sentido diferente y decimos: no puede ser posible que esté sucediéndome a mí.

No es cuestión de que si va a suceder, sino de cuándo sucederá lo inevitable. Y los creyentes no somos la excepción. El propósito de nuestra serie es ayudarle a tomar conciencia de esta realidad, porque hay situaciones en donde nos parece que tanto la vida como Dios mismo, nos han dado la espalda.

Hay un personaje en la Biblia que rehusó hundirse en las aguas turbulentas de la vida: el apóstol Pablo. Por lo que se registra en sus escritos a las iglesias, la vida de este hombre de Dios era de un continuo riesgo de muerte. Sin embargo, en medio de todos sus sufrimientos aprendió a mirar hacia arriba cuando la vida parecía venírsele abajo. Ubique en su biblia 2 Corintios 4:7-18 y 5:1-10

Trasfondo: Al escribir esta segunda carta el apóstol tomó un momento para reflexionar en su vida y ministerio. Pablo había salido de Éfeso hacia Troas con la esperanza de encontrarse con Tito. Según 2 Corintios 2:12-13, al no encontrarlo se angustió y salió apresuradamente para Macedonia en donde Tito, recién llegado de Corinto, le da noticias alentadoras acerca de la iglesia.

Este fue uno de los viajes más difíciles. Pablo había batallado con los no creyentes, su salud estaba deteriorándose y estaba envejeciendo, por eso las palabras del v.16 “por fuera nos vamos desgastando”. Como si fuera poco iba camino a Jerusalén en donde, según Hechos 21, le esperaban más sufrimientos.

El cap. 4 se abre con unas palabras que nos dejan perplejos: “¡No nos desanimamos!” No hay nada más agotador que la lucha contra el desánimo. El desánimo desarma al más valiente, opaca al más optimista, es el sedante que adormece al pueblo del Señor para no avanzar. La única manera de superarlo es manteniendo el enfoque correcto. Con su ejemplo, Pablo nos da tres consejos:

1. Escoge la meta final de tu vida (4:17-18)

Pablo no niega los sufrimientos ni los disfraza al modo del mundo más bien los reconoce y habla de ellos abiertamente a fin de ayudarnos a ajustar nuestro enfoque cuando la vida se viene abajo. Pablo tenía su mirada puesta en “una gloria eterna”.

Eso no significa que dejemos a un lado metas dignas de alcanzar en esta vida. Lo que significa es que toda meta personal, familiar, profesional, etc. Deben estar basadas en la meta final de nuestra vida como creyentes: la eternidad.

Karen Watson, antes de partir para Irak como misionera de los bautistas del sur, escribió una carta con fecha de marzo 7, 2003. Una semana más tarde, Karen junto con otros cuatro misioneros morían en un atentado. Parte de esa carta dice:

“Esta carta ha de abrirse solamente en caso de que muera. Cuando Dios llama no hay nada que lamentar… no he sido llamada a un lugar, he sido llamada para Él. Obedecer era mi meta y el sufrimiento era de esperarse. Su gloria es mi recompensa, su gloria es mi recompensa.” ¿Cuál es la meta final de su vida? “…las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”


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