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Summary: Cor. 10:16-21 expresa la gran profundidad del misterio del Cristianismo: la real participación en el Cuerpo y Sangre de Cristo.

Un hombre conduciendo su auto hacia su casa vió en una esquina de su vecindario a un grupo de chicos vendiendo AGUA DE JAMAICA (Kool-Aid?). El cartel del puesto escrito con letras medio garabateadas decía: “AGUA DE JAMAICA, 25 centavos.”

El hombre quiso saber de qué se trataba y acercó su auto a la acera. Uno de los chicos se llegó a el y le preguntó si quería el AGUA DE JAMAICA con o sin limón.

El hombre dio su orden y entregó al chico un dolar. Después de lo que parecía una discusión entre los muchachos, estos determinaron que correspondía darle dinero vuelto y buscando monedas en una caja encontraron finalmente la cantidad correcta.

Uno de los chicos regresó a darle el vuelto y parado junto al auto preguntó al hombre si había terminado con su bebida.

“Casi,” dijo el, pero ¿por qué?

“Ese es el único vaso que tenemos” contestó el chico, “y necesitamos continuar con este negocio.”

"Un Pan, Una Copa”, viene de 1 Cor. 10:16 “Esa copa de bendición por la cual damos gracias,¿no significa que entramos en comunión con la sangre de Cristo? Ese pan que partimos, ¿no significa que entramos en comunión con el cuerpo de Cristo? Hay un solo pan del cual todos participamos; por eso, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo.”

En otras palabras, a través de ‘koinonia’ o comunión, San Pablo enseña sobre la real participación material en el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo.

Cor. 10:16-21 expresa la gran profundidad del misterio del Cristianismo: la real participación en el Cuerpo y Sangre de Cristo.

San Pablo explica también que el rito Eucarístico es externamente visible y material en cuanto a los efectos que produce en el alma espiritual y moralmente.

Tal es el sentido por el que lo consideramos “alimento y bebida espiritual” y también la razón por la que en el Capítulo Once de 1 Corintios 11:27, San Pablo dice: “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.”

Por eso, La Santa Eucaristía no es simplemente una conmemoración subjetiva, o una renovación sacramental objetiva.

San Pedro Julián Eymard dijo: “Bendita es el alma que sabe cómo encontrar a Jesús en la Eucaristía y en todas las cosas eucarísticas.”

Nosotros podemos hallar inspiración para una vida eucarística cuando ----------como San Pedro Julián Eymard nos sugiere----- escuchamos las palabras de la consagración;

“Este es mi Cuerpo que será entregado por ustedes.”

A la hora de la comunión, el sacerdote o el Ministro Extraordinario de la Eucaristía dicen: “El Cuerpo de Cristo” y quien recibe la comunión contesta, “Amén”.

La Eucaristía nos enseña a usar el lenguaje de ‘dar …será dado” y “recibir”, en vez de ‘quiero’, ‘necesito’, ‘debo tener’.

En la consagración del vino que se transforma en la Preciosa Sangre de Cristo, escuchamos: “……que será derramada por ustedes y por muchos..”

Aprendemos aquí la vulnerabilidad del lenguaje ‘amar’, amando, perdiendo, encontrándonos nosotros mismos en el proceso. Si evadimos esto, sólo guardamos para nosotros mismos lo que nos separa de una más profunda comunión con el Señor.

En página 104 del manual de la Legión de María se lee: ‘sus miembros deberán oír misa y comulgar todos los días..”

El Padre Rance, un famoso monje y erudito trapense, predicó que todos somos llamados a recibir el pan de los ángeles con la mayor frecuencia posible.

Estaba el lidiando con algunos que argumentaban que la Sagrada Comunión debía recibirse con poca frecuencia y esperar hasta que uno tuviera un amor absolutamente perfecto y puro por Dios.

La respuesta de Padre Rance a esto fue decir que este es el objetivo que nos esforzamos por adquirir, pero no es un requisito para acercarse al altar. Él cita a Ambrose de Milán, "Recibe todos los días lo que puede beneficiarte todos los días; vive de tal manera que nada de lo que hagas puede hacerte indigno de recibirlo."

Rance también nota que las Escrituras son explícitamente claras en las palabras de San Pablo en 1 Corintios 11: 27, que Dios castigará indignamente a quienes se acerquen al sacramento, con la mancha del pecado mortal no confesado en sus almas, pero tampoco se complacerá con aquellos que se ausenten de él a través de "las falsas excusas de una piedad mal regulada." Ausentarse de la Eucaristía es ausentarse de Dios, ya que la Eucaristía es Jesucristo, y está muy claro que debemos comer su carne y beber su sangre. "

Esto es lo que nos motiva a asistir diariamente al Santo Sacrificio de la Misa.

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