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Summary: [Mensaje 3 de 4]Estos mensajes tienen el propósito de contestar algunas de las preguntas más comunes en la mente de la gente acerca del Cielo y el infierno.

¿Es el cielo un lugar real?

Apocalipsis 21: 1-5

Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues ya el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. 2 Vi también que la ciudad santa, la nueva Jerusalén, bajaba del cielo, donde vive Dios. La ciudad parecía una novia vestida para su boda, lista para encontrarse con su novio. 3 Y oí que del trono salía una fuerte voz que decía: «Aquí es donde Dios vive con su pueblo. Dios vivirá con ellos, y ellos serán suyos para siempre. En efecto, Dios mismo será su único Dios. 4 Él secará sus lágrimas, y no morirán jamás. Tampoco volverán a llorar, ni a lamentarse, ni sentirán ningún dolor, porque lo que antes existía ha dejado de existir.» 5 Dios dijo desde su trono: «¡Yo hago todo nuevo!» Y también dijo: «Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza.»

Tristemente, la verdad es que los cristianos no mostramos casi ningún entusiasmo por el cielo, aunque la biblia nos asegura que es un lugar real. Estamos más interesados en la tierra que en el cielo. La realidad es que el cielo no nos entusiasma porque la imagen que tenemos es defectuosa. Marty Marty, respetado historiador religioso de la Universidad de Chicago, dice: “Puedo recordar de mi niñez [luterana] muchos sermones en los que se solía llamar la geografía del cielo y la temperatura del infierno. Ahora, la única vez que oímos hablar del cielo es cuando alguien se muere.” Eso es triste, pero lo cierto es que el cielo es un lugar excelente, emocionante, increíble, exponencialmente mucho mejor de lo que es la tierra.

No hay duda que la tierra es un lugar hermoso. Para que le voy a mentir, a mi me fascina este planeta. Sus amaneceres, la caída del sol en la playa, los cañones, valles, cascadas, bosques, ríos, océanos, el clima, la vegetación, montañas llenas de nieve, hasta el desierto es bonito. Me gusta mucho esta tierra donde vivo aunque sea un lugar caído en el pecado. Vivimos en un mundo donde nada funciona como debería funcionar: ninguna relación es perfecta, ningún trabajo es perfecto, ninguna persona es perfecta, el clima no es perfecto. ¡Nada es perfecto en este planeta! y debido a que este mundo es todo lo que conocemos, es por eso que no nos podemos imaginar que el cielo vaya a ser infinitamente mejor.

No sé como Ud. se imagina el cielo. Pero mucha cree que el cielo es un lugar completamente blanco, donde les van a salir un par de alas, un lugar donde se convertirán en un angelito gordito que anda desnudo por ahí tirando flechitas, donde andarán siempre con batas blancas, donde estarán sentados en una nube tocando arpa por toda una eternidad. Si esto es lo que la gente piensa, con razón no se animan con la idea de ir al cielo, eso parece más bien el infierno. Esa es la imagen más aburrida y descolorida de cualquier lugar que yo jamás haya escuchado, a nadie le darían ganas de ir a ese lugar por toda una eternidad.

PERO si así fuera, la biblia no nos exhortaría a poner nuestra mirada en el cielo. Colosenses 3: 2 dice: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”

Pensar en el cielo tiene por lo menos cinco efectos prácticos sobre nuestra vida aquí en la tierra.

1) Cuando ponemos nuestra mirada en el cielo, nuestra esperanza es restaurada en los momentos de sufrimiento y pruebas. Romanos 8: 18 dice: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.”

2) Cuando ponemos nuestra mirada en el cielo, adquirimos la seguridad que Dios está en control de todo. Apocalipsis 4: 1-3 dice: “Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo... 2Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. 3Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda.”

3) Cuando ponemos nuestra mirada en el cielo, nos recordamos que este mundo no es nuestro hogar. Filipenses 3: 20 dice: “Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.”

4) Cuando ponemos nuestra mirada en el cielo, nos enfocamos en la naturaleza de los verdaderos tesoros que tendremos en el cielo. Mateo 6: 19-21 dice: “No traten de amontonar riquezas aquí en la tierra. Esas cosas se echan a perder o son destruidas por la polilla. Además, los ladrones pueden entrar y robarlas. 20 Es mejor que amontonen riquezas en el cielo. Allí nada se echa a perder ni la polilla lo destruye. Tampoco los ladrones pueden entrar y robar. 21 Recuerden que la verdadera riqueza consiste en obedecerme de todo corazón.”

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