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Summary: En la Santa Cena, Cristo nos da su cuerpo y sangre junto con el pan y vino como un contrato firmado en sangre que nos garantiza de que todos nuestros pecados nos están perdonados.

“¡Caníbales!” En el primer siglo de la época moderna, muchos acusaron a los cristianos de ser caníbales por participar en la Santa Cena. “¡Caníbales!” Por siglos este gran rito misterioso que Jesucristo instituyó la noche antes de que murió ha causado mucha confusión. Parece ser que todos tienen su propia interpretación de lo que es la Santa Cena. Y bueno, como probablemente han notado, todavía no hemos celebrado la Santa Cena aquí en el Divino Salvador, pero no es porque a nosotros no nos importa. Al contrario, dado que es tan importante para nosotros, hemos esperado unas semanas.

Un gran número de ustedes ya están empezando de estudiar en nuestro “Curso de Comunión” para aprender (o al menos repasar) lo que se necesita saber para participar en la Santa Cena y para ser miembros de esta iglesia. Pero en esos estudios y en el sermón para esta mañana, no vamos a ver lo que pienso yo en cuanto a la Santa Cena. Tampoco vamos a ver que piensa el Pastor Carlos. Tampoco vamos a ver lo que enseña la iglesia luterana en cuanto a la Santa Cena. No, hoy vamos a ver lo que dice Dios en su Palabra en cuanto a la Santa Cena. Entonces, veamos la segunda lectura para esta mañana que se encuentra en 1 de Corintios once...

Una cosa sobresaliente de esta lectura es que Jesús después de dar el pan y el vino a sus discípulos diciéndoles que era su cuerpo y sangre, les dijo “¡Haced esto!” Haced esto. La Santa Cena es algo que Dios quiere que hagamos, algo que quiere que recibamos. Sí, Dios quiere que recibamos la Santa Cena, pero no quiere que la recibamos indignamente como vemos en el versículo 27. Pero para poder recibir este sacramento correctamente, realmente hay que entender bien lo que es, ¿verdad? Y esto es lo que vamos a ver esta mañana. Vamos a ver que Dios quiere que recibamos la Santa Cena 1) según cómo Cristo la instituyó y 2) confiando en sus promesas.

I. Según cómo Cristo la instituyó

Fíjense que Pablo aquí en el texto recuerda a la congregación en Corinto los eventos que ocurrieron la noche antes de que Jesús murió. Jesús mismo se lo había revelado como vemos en el versículo 23. Y lo que tenemos aquí realmente es el testamento de Jesucristo dado a sus discípulos unas horas antes de que murió, los últimos momentos que Jesús pasaba con sus discípulos antes de entregarse por los pecados del mundo.

Entonces, después de terminar la cena de la Pascua, que era un festival importante para los judíos, Jesús rompió el pan y se lo dio a sus discípulos. Y sabemos que este pan fue sin levadura, porque así era el pan del festival de la Pascua. Entonces, Cristo se lo dio a sus discípulos diciendo, “Esto es mi cuerpo.” Y en la misma manera les dio el vino y dijo, “Esto es mi sangre.”

Y en ese momento ocurrió un verdadero milagro, porque en ese momento, los discípulos no recibieron solamente pan y vino sino también el cuerpo y la sangre de su Salvador Jesucristo. Y no hay duda de que recibieron el cuerpo y sangre de Jesús porque hasta Pablo nos dice que el que recibe indignamente la Santa Cena está pecando precisamente contra el cuerpo y sangre de Jesús.

Pero, como quiera, por siglos ha habido mucha confusión sobre la presencia de Cristo en el sacramento. ¿Cómo pueden estar presentes el cuerpo y la sangre de Jesús junto con el pan y el vino? Y consecuentemente, algunos tratan de explicar este milagro según la razón, o sea, según la lógica humana. Dicen que el pan y el vino representan, o sea, simbolizan el cuerpo y la sangre de Cristo. Aun otros dicen que el pan y el vino dejan de existir, siendo transformados en el cuerpo y la sangre de Cristo, y nada más se parecen al pan y vino. Pero Jesús no dice que solamente simbolizan su cuerpo y sangre y nunca dice que el pan y el vino dejan de existir. Solamente dio el pan y el vino y dijo, “¡Esto es mi cuerpo y sangre!”

Entonces, que tomemos en serio sus palabras. En la Santa Cena recibimos en alguna forma milagrosa el cuerpo y la sangre de nuestro Señor junto con el pan y el vino. ¿Puedo explicar cómo? No. Pero realmente hay muchas cosas que hace Dios que no puedo explicar ni captar con la razón humana. Entonces, nada más creamos lo que dice, porque realmente eso es la fe, ¿verdad? Que tomemos en serio las Palabras de nuestro Dios.

Fíjense que unos de ustedes hoy mismo (y otros en un futuro no muy lejano) van a presentarse aquí para recibir la Santa Cena, y en este sacramento recibirán el cuerpo y la sangre de Jesús en, dentro y bajo...junto con el pan y el vino. ¡Imagínense! Vamos a recibir el cuerpo y sangre del Dios mismo, el mismo cuerpo y sangre que Cristo vertió en la cruz por nuestros pecados. Ese hecho nos puede intimidar, ¿verdad? Especialmente al escuchar la advertencia de Pablo: De manera que cualquiera que coma este pan o beba esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

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