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Summary: Las dos viudas de nuestras lecturas eran pobres de bienes materiales pero habían guardado el tesoro de la piedad y de la fe.

32B

Este día leemos acerca de la ofrenda de la viuda.

[Chiste]

-Mamá, ¿me das dinero para ese pobre hombre que está gritando como loco?

-Y ¿que es lo que está gritando?

-Helados, Helados!

Cuando se trata de recaudar fondos, les encanta a los párrocos traer a colación a esta viuda, ya que ella donó al Templo sus últimos dos centavos.

La realidad es, por supuesto, que hay renta que pagar y que el agua y la electricidad puden haber sido cortadas.

Por consiguiente, esa pobre viuda es responsabilidad nuestra. La Sagrada Escritura abunda con exhortaciones para proteger a las viudas, a los necesitados, etc.

Jesús condena el sistema de valores de quienes tienen el poder, ya que muchos de ellos… “se echan sobre los bienes de las viudas.”

La otra viuda en la primera lectura de este domingo no estaba en mejor situación que la del Evangelio. Ella dijo, “no me queda ni un pedazo de pan;… Voy a preparar un pan para mí y para mi hijo. Nos lo comeremos y luego moriremos".

Tendríamos que preguntarle a Dios por qué envió El al Profeta Elías a pedir alimento de esta mujer más pobre que ninguna.

Es porque Dios quiere que ayudemos a aquellos que carecen hasta de los más mínimos recursos, para que aprendamos de ellos.

En forma profética Dios nos habla cuando tenemos la experiencia de ayudar al necesitado. Los pobres pueden enseñarnos mucho, sobre la humildad y la confianza en Dios.

Y siguiendo el ejemplo de las viudas, oremos:

‘Señor, enséñame a darlo todo por Ti y por los demás, con alegría, generosidad y caridad.’

Que lo que da tu mano derecha no lo sepa la izquierda. Esto es como decir: Ni siquiera tú mismo te debes enterar de que estás haciendo el bien y la caridad.

2). Y, ¿qué piensan ustedes acerca de quienes no han recibido mucho en términos de familia, educación, etc., pero que a pesar de eso hacen mucho bien dándose generosamente de si mismos con lo poco que tienen?

Por ejemplo, el Papa Franciso dijo, “Recordemos que «un pequeño paso, en medio de grandes límites humanas, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades».

Dios no esta´ interesado en la cantidad dada, sino en el espi´ritu con que se dona.

Dios conoce nuestros motivos.

La grandeza de la ofrenda depende de la generosidad del dador.

¿Nos estaremos guardando algo que deberíamos dar? ¿Damos solamente las sobras, lo que ya no nos hace falta?

No fue esa viuda la que lo dió todo, sino el Señor en ella; la gracia operando en ella, haciendo la obra. Obrando el querer como el hacer en ella.

Jesús estaba sentado un buen tiempo observando a los que daban su ofrenda.

Y es verdad que tal vez el Señor no nos pide dar todo nuestro dinero, pero nos pide algo más. Nos pide darle nuestra vida

e.g. Este es un tipo rico que muere y se va al cielo. Ahí lo recibe San Pedro y le encomienda a un ángel que le enseñe su nuevo hogar, el tipo emocionado se pregunta cómo será, será una mansión de lujo o un palacio ya que, en el cielo no podría haber pobreza.

Pasaron por un palacio bellísimo, con columnas de oro, adornado con diamantes, digno de un rey. El hombre emocionado le pregunta al ángel:

- ¿Aquí voy a vivir?

Y el ángel contesta:

- No, más adelante.

El tipo ya extrañado siguió el camino y vio una casa mediana con jardín y bastante bonita y pensó, bueno al menos es cómoda y dijo:

- Ángel ¿viviré aquí?

El ángel le dijo:

- No, más adelante.

Y el tipo ya decepcionado siguió y vio una casita pequeña, dos habitaciones sin jardín pero habitable y le preguntó:

- Ángel, ¿es aquí?

Y el ángel responde:

- No, más adelante.

Siguieron su camino y luego vieron una casita de lodo y varas, un solo cuarto, cocina con leña, pequeñita, casi inhabitable y asustado pregunta:

- Ángel, ¿aquí?

El ángel contesta:

- No, ya casi llegamos.

El hombre muy asustado lo siguió y al final de la calle ven un pequeño espacio con cuatro palos y un techo de ramas, sin paredes y el piso era el suelo simplemente de tierra y el hombre preguntó:

- Ángel, ¿No me digas que aquí voy a vivir?

Y el ángel contestó:

- Pues sí, hermano, es que con lo que tú nos mandaste de allá abajo apenas alcanzó para esto.

Las dos viudas de nuestras lecturas eran pobres de bienes materiales pero habían guardado el tesoro de la piedad y de la fe. Pensemos entonces que podemos decir lo mismo acerca de Jesús en el sentido de que El se entregó totalmente para salvarnos y se convirtió en nuestro modelo y guía. Amen.

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