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Summary: Cuando el maquillaje cuesta $23 no es momento para llorar!

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Transfiguración

El rostro de Jesús se puso resplandeciente como el sol. “Dios de Dios, Luz de Luz.”

En Exodo 34:29, “el rostro de Moisés resplandecía, después de haber hablado con Dios.”

El resplandor espiritual es el resultado de la comunión con Dios. No requiere maquillaje.

Yo vi un ‘tweet’ que decía: ‘Cuando el maquillaje cuesta $23 no es momento para llorar.’

¿De qué manera están ustedes tratando de parecerse más a Cristo?

Dios tiene un rostro – lo que quiere decir que El es un ‘tu’, una persona, que puede establecer una relación contigo.

La palabra hebrea para ‘presencia’ significa literalmente ‘rostro’. En la Misa imploramos: … “admítelos a contemplar la luz de tu rostro.”

¿Cuándo se inicia esto?

Comienza en el momento que nos convertimos a Cristo por la fe y el bautismo; somos entonces transformados por la acción del Espíritu Santo y convertidos en una nueva creación en Cristo.

Si se te ilumina el rostro cada vez que recibes un mensaje de ella o de él, ve a ajustes y baja el nivel del brillo; te durará más la pila.

Uno se convierte en lo que contempla.

2 Corintios 3:18 dice, “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”

La clave, dice Pablo, consiste en … “mirar cara a cara la Gloria del Señor.” En otras palabras, nos transformamos en su imagen al contemplar su gloria. Uno se vuelve cada vez más en lo que constantemente contempla. Contemplar el tabernáculo y la sagrada hostia en adoración es contemplarlo a EL. Es el conocerlo y saber que El nos conoce en los rincones más escondidos de nuestras almas donde encontramos la más profunda intimidad de nuestro ser; detenernos en el camino e invitarlo a que El entre. La comunión con Dios es lo que nos transforma.

Esto es el corazón de todas nuestras historias. Su presencia es lo que nos ha cambiado; su presencia es donde nos encontramos con nosotros mismos. El completa nuestro incompleto ser.

Pero, tal como un autor dijo: “Y, sin embargo, aún hoy en día, teniendo que luchar para mantener esos momentos de cara a cara con El como prioridad, los añoro, pero son muchas las cosas que me distraen.”

Fuera de su presencia, todo lo demás se convierte en un manojo de actividades religiosas que nos mantienen ocupados. Lo que realmente anhelamos en esta vida es SU presencia - lo añoramos a El – como el centro de todo lo que somos.

2. Sobre “Perder el Resplandor de Dios”

El resplandor de Dios no es algo permanente. Está sujeto a la forma en que vivimos nuestras vidas.

Cuando Moisés subió a la montaña para encontrarse con Dios, el estuvo ausente por cuarenta días. Los israelitas se ‘aburrieron’ de esperarlo y decidieron hacer un ‘becerro de oro’ con la finalidad de tener una fiesta. Muy pronto, Aarón lo convirtió en una función religiosa para ellos. ¡Cuán emocionante!

El rostro de Aarón se oscureció pero el de Moisés resplandeció.

Aarón hizo lo que la gente quería, pero esto los condujo a la idolatría. Moisés estaba resplandeciente por su comunión con Dios; el había estado escuchando y recibiendo la Palabra de Dios.


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