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Summary: El pueblo de Israel presencio la revelación de Dios de forma progresiva y en cada manifestación el pueblo se postraba y adoraba. Hoy los hijos deben tener la misma actitud al presenciar la manifestación de Dios cada Dia.

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Un Pueblo que Adora

Pr. Geremías Medrano

Introducción

El día que quiso hacer justicia por sus propias manos, tuvo que huir en medio de la oscuridad. Mientras huía se preguntaba ¿Por qué a el? Uno de los más brillantes estudiantes de la universidad más famosa de todo el mundo. El, el más famoso para ocupar el trono del país más poderoso del mundo. Pudo haber llegado a ser el rey, con el mundo postrado ante sus pies. Pero ahora huía. Corría en la soledad del desierto para salvar su vida. Estaba acabado.

Tenía que estar lejos donde nadie lo conociera. Lejos. En un nuevo lugar y comenzar una nueva vida. Hasta que todo se olvidara. Fue a Median, a las tierras del sacerdote Jetro, donde por cuarenta años trabajo, ya no más como un líder distinguido de la nación egipcia, sino como un simple pastor de ovejas, hasta que todos olvidaran su crimen y lo olvidaran a él.

Pasaron los días, los meses, los años y el hombre de la soledad cambió. Los grandes espacios abiertos del desierto y las montañas moldearon su carácter. Ahora era un hombre distinto. Listo para ser usado en los propósitos de Dios. Son sus mismas palabras las que nos informan de su encuentro con Dios. Así lo relata Moisés: “Apacentando Moisés las ovejas de su suegro Jetro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Allí se le apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego, en medio de una zarza. Al fijarse, vio que la zarza ardía en fuego, pero la zarza no se consumía. Entonces Moisés se dijo: «Iré ahora para contemplar esta gran visión, por qué causa la zarza no se quema». Cuando Jehová vio que él iba a mirar, lo llamó de en medio de la zarza: — ¡Moisés, Moisés! —Aquí estoy—respondió él. Dios le dijo: —No te acerques; quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y añadió: —Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios”.

Esa es la actitud de todo aquel que se encuentra con Dios. La humildad y la reverencia deben caracterizar el comportamiento de todos los que se allegan a la presencia de Dios. Es la reacción primera al estar ante la presencia del Todopoderoso. Ningún hombre puede soportar la gloria del Dios Santo. De ahí que no fuera sino natural que Moisés ocultara su rostro. Esa es una actitud de adoración.

Desarrollo

I. Creados para adorar.

a). Como seres humanos hechos por Dios, hemos sido creados para su adoración. Porque solo él merece la gloria y la adoración. Moisés, al momento de encontrarse con Dios, no había recibido una revelación clara sobre quien era Dios. Esta primera revelación directa lo lleva a ni siquiera mirar al Dios de sus padres.

b). Cuarenta años en el desierto cambiaron la vida de este hombre. De una actitud de presunción que tenía en Egipto al considerarse el heredero del trono, a una vida humilde necesaria para verdadero adorador del Dios de Abraham.


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