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Summary: Está de más decir que Dios espera honestidad de parte de sus hijos. Uno de los mandamientos claramente nos dice: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16). Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento están plagados de referencias a la n

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Una palabra solitaria

De todas las cualidades humanas, quizás sea la honestidad la que más nos llama la atención. De alguna manera, usamos esta característica humana como bandera o como escudo. Proclamamos la necesidad de ser honestos, lo cantamos y lo escribimos. Nos acorazamos bajo la honestidad para justificar nuestros actos. Es curioso que esperamos honestidad de los demás mientras pocas veces estamos dispuestos a ser honestos.

Se cuenta de una gran actriz dramática polaca, Madame Modjeska, quien estaban en cierta ocasión en una fiesta. Los invitados admiradores la presionaban para que recitara alguna parte de cualquier obra melodramática. Al principio ella se negaba pretendiendo que su memoria le fallaría sin el vestuario, las luces, etc. Sin embargo, los invitados insistían tan persistentemente que ella finalmente accedió, anunciando que recitaría su parte en su lengua natal. Los invitados la escucharon maravillados. Algunos hasta empezaron a llorar. Cuando terminó le preguntaron el nombre de la historia tan conmovedora que acababa de relatar. Ella sonrió y dijo:

—Simplemente conté en polaco del uno al cien.

Alexander Pope escribió: “El ingenioso no es más que una pluma al viento; el jefe, sólo una caña. El hombre honesto es la obra más excelsa de Dios.” De todas las virtudes, la honestidad quizás sea la más alabada. Pero también es la que menos podemos encontrar. Una canción moderna nos lo dice así:

Si buscas ternura

no es difícil de encontrar

puedes tener todo el amor que necesitas para vivir

pero si buscas veracidad

es mejor que estuvieras ciego

siempre parece ser difícil de dar.

Honestidad, es una palabra tan solitaria

todos son tan falsos

Honestidad, difícilmente se escucha

y eso es lo que necesito de ti…[1]

Está de más decir que Dios espera honestidad de parte de sus hijos. Uno de los mandamientos claramente nos dice: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16). Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento están plagados de referencias a la necesidad de ser honestos.

El vicio de la hipocresía

Lo contrario a la honestidad tiene que ser la hipocresía. El Diccionario Larousse define hipocresía como “vicio que consiste en la afectación de una virtud o cualidad o sentimiento que no tiene uno. Sinónimo con falsedad.” En la Biblia encontramos algunos casos de hipocresía castigados fuertemente por Dios. En el Antiguo Testamento encontramos el caso de Giezi, el siervo de Eliseo, quien fue con Naamán y le pidió falsamente de parte del profeta (2 Reyes 5:21-27). En el Nuevo Testamento tenemos el caso de Ananías y Safira, quienes mintieron a los apóstoles (Hechos 5:1-11). En ambos casos vemos que Dios trata duramente a aquellos que son faltos de honestidad, a aquellos que hipócritamente tratan de ser lo que no son.

Me parece que aquí es donde está el problema.

Nuestro Señor Jesucristo contó una parábola que tiene que ver con este asunto de honestidad e hipocresía. Jesús acababa de purificar el templo, sacando a los vendedores y volcando sus mesas. Al volver al siguiente día al templo, los principales sacerdotes y los ancianos le preguntaron con qué autoridad hacía aquellas cosas. Jesús les contestó contándoles la parábola de los dos hijos:


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